Publicado el Lunes 11 de Julio de 2005 a las 21:54
en la categoria Retazos, en prosa
y con las etiquetas Joseph Brodsky, Literatura, Mar, Mediterráneo, Prosa, Reflexiones
Hay algo primordial en el hecho de viajar por agua, incluso en las distancias cortas. Recibes la información de que no se espera de tà que te encuentres allà tanto por tus ojos, oÃdos, nariz, paladar o las palmas de las manos como por tus pies, que se sienten extraños de actuar como un órgano sensorial. El agua altera el principio de la horizontalidad, sobre todo de noche, cuando la superficie parece pavimento. No importa lo sólida que su sustituta - la cubierta - aparezca bajo tus pies, sobre el agua siempre estás más alerta que en la orilla, tus facultades deben buscar un equilibrio. Sobre el agua, por ejemplo, nunca te distraes de la forma que lo haces en la calle; tus piernas te ponen a prueba a tà y a tu ingenio, constantemente, como si fueras una especie de compás. Bueno, tal vez lo que agudiza tu ingenio cuando viajas sobre el agua sea un eco tortuoso y distante de los viejos, conocidos cordados. Sea como fuere, tu sentido de lo otro se agudiza sobre el agua, como si se inensificara por un peligro mutuo y común. La pérdida de dirección es tanto una categorÃa pedagógica como náutica.
Publicado el Miércoles 14 de Septiembre de 2005 a las 21:51
en la categoria Retazos, en prosa
y con las etiquetas Ajedrez, Literatura, Reflexiones, Stefan Zweig
ConocÃa desde luego, por propia experiencia, el misterioso poder de atracción del “juego de reyes”, de ese juego entre los juegos, el único entre los ideados por el hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranÃa del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espÃritu, o mejor aún, a una forma muy caracterÃstica de agudeza mental. ¿Pero no es ya el solo hecho de tildarlo de juego una degradación insultante? ¿No es acaso también una ciencia, un arte que gravita entre estas diferentes categorÃas como entre el cielo y la tierra el ataúd de Mahoma? ¿No es por azar un vÃnculo único entre todos los pares de contrarios; antiquÃsimo y sin embargo siempre nuevo; mecánico en su disposición y sin embargo eficaz tan sólo por obra de la fantasÃa; limitado a un espacio rÃgidamente geométrico y a un tiempo ilimitado en sus combinaciones; en perpetuo desarrollo y sin embargo estéril: un pensamiento que no lleva a nada, una matemática que nada calcula, un arte sin obras, una arquitectura sin sustancia, y aún asà más manifiestamente perenne en su esencia y existencia que todos los libros y obras de arte, el único juego que pertenece a todos los pueblos y todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastÃo, aguzar los sentidos y estimular el espÃritu? ¿Dónde empieza, dónde acaba? Cualquier niño puede aprender sus reglas básicas, cualquier chapucero probar con él fortuna, y sin embargo tiene la virtud de generar en el seno de su cuadrado, inmutable y estricto, una especie peculiar de campeones sin comparación con ninguna otra, hombres dotados de una habilidad especial para el ajedrez, de una genialidad especÃfica que combina clarividencia, paciencia y técnica en proporciones tan exactamente definidas como lo están para los matemáticos, poetas y músicos, solo que con distinta disposición y armonÃa.
Publicado el Jueves 8 de Diciembre de 2005 a las 10:33
en la categoria Retazos, en prosa

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caÃan en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenÃa que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fÃlulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovÃa, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumÃtica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentÃan balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencÃan las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pÃnice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el lÃmite de las gunfias.
Publicado el Lunes 6 de Febrero de 2006 a las 20:06
en la categoria Retazos, en prosa
y con las etiquetas Literatura, Luis GarcÃa Montero, New York, Parques, Prosa

Me gusta pintar las palabras de colores, rellenarlas en mi imaginación igual que las casas y los árboles en un cuaderno de dibujo. Siempre he pensado que la palabra “palabra” es blanca, como la nieve pura, la nieve nieve, la que cae durante dÃas y noches en lo alto de las montañas, sin que nadie la pise. La nieve va nombrando el mundo, hace sus muñecos, pinta de blanco las copas de los árboles, los tejados, las casas, las calles, los coches, el cubo de la basura, los bancos solitarios del parque. La nieve levanta una realidad fugitiva, que desaparece cuando el sol manda sus rayos a la tierra y la ciudad empieza a gotear. La nieve es un milagro, una maravilla, un cuento, un poema, pero resite poco tiempo. Las calles se convierten en una inmensa gotera, en un escalofrÃo que se filtra por el cuello del abrigo y por los descosidos de las botas para regalarnos un buen resfriado.
Publicado el Lunes 8 de Mayo de 2006 a las 20:59
en la categoria Retazos, en prosa
En el nuestro [barracón], como en todos los demás, habÃa siempre mendigos, gente arruinada por el juego o por la bebida o, sencillamente, mendigos por naturaleza. Digo “por naturaleza”, e insisto en esta expresión. En efecto, en todas partes de nuestro pueblo, en cualquier circunstancia, en cualquier situación, siempre existen y existirán individuos extraños, apacibles, y con frecuencia nada holgazanes, a los que la suerte ha predestinado a ser mendigos por los siglos de los siglos.
Siempre viven solos, siempre van mal vestidos, siempre parecen estar intimidados por alguien, agobiados por algo, y eternamente están al servicio de alguien, hacen los recados de alguien, por lo general de los juerguistas o de los que súbitamente se enriquecen o ascienden de categorÃa. Cualquier comienzo, cualquier iniciativa supone para ellos una desgracia y una pesada carga. Parecen haber nacido con la condición de no emprender nada por sà mismos, sólo para servir a los demás, no viven según su libre albedrÃo, bailar al son que les tocan. Su destino es hacer lo que otros mandan. Por añadidura, no hay circunstancia ni cambio alguno que puedan enriquecerles. Son siempre mendigos. He observado que tales individuos no se encuentran sólo entre el pueblo llano, sino en todos los medios, en todos los estamentos, partidos, revistas literarias y asociaciones.
Publicado el Viernes 8 de Diciembre de 2006 a las 9:45
en la categoria Retazos, en prosa
Hamlet: ¿No querrÃais tocar la flauta?
Guildenstern: No sabrÃa tocarla, mi señor.
Hamlet: Os lo ruego.
Guildenstern: En verdad, no sabrÃa.
Hamlet: Ea, os lo suplico.
Guildenstern: No podrÃa siquiera manejarla.
Hamlet: ¡Es fácil! Como mentir… Poned los dedos, y el pulgar también, en estos orificios; soplad y veréis cuán elocuente es su música. Fijáos bien: estos son los registros.
Guildenstern: SerÃa yo incapaz de extraer de ella ni una sola nota melódica. Me falta la destreza necesaria.
Hamlet: Muy indigno debo pareceros, puesto que sà queréis que yo suene; y además conocéis mis registros y hasta me arrancarÃais los secretos más Ãntimos. HarÃais vibrar todas mis notas, desde la más baja de mi registro a la más alta. Y sin embargo, habiendo más música y tan excelente en este pequeño instrumento, no podéis hacer que hable. ¡Voto al cielo! ¿Soy yo más fácil de tocar que una flauta? Tomadme por el instrumento que mejor os plazca, manoseadme cuanto queráis, pero no lograréis tañerme.
W. Shakespeare: Hamlet III, II
Trad: M.A. Conejero
Publicado el Miércoles 31 de Enero de 2007 a las 21:51
en la categoria Retazos, en prosa, en verso
Fortunae plango vulnera
stillantibus ocellis,
quod sua mihi munera
subtrahit rebellis.
verum est, quod legitur
fronte capillata,
sed plerumque sequitur
Occasio calvata.
In Fortunae solio
sederam elatus,
prosperitatis vario
flore coronatus;
quicquid enim florui
felix et beatus
nunc a summo corrui
gloria privatus.
Fortunae rota volvitur;
descendo minoratus;
alter in altum tollitur;
nimis exaltatus
rex sedet in vertice
caveat ruinam!
nam sub axe legimus
Hecubam reginam.
Anónimo: Carmina Burana (S. XIII)
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No se me oculta que muchos han tenido y tienen la opinión de que las cosas del mundo están gobernadas por la fortuna y por Dios hasta tal punto que los hombres, a pesar de toda su prudencia, no pueden corregir su rumbo ni oponerles remedio alguno. Por esta razón podrán estimar que no hay motivo para esforzarse demasiado en las cosas, sino más bien para dejar que las gobierne el azar [...] No obstante, para que nuestra libre voluntad no quede anulada, pienso que puede ser cierto que la fortuna sea árbitro de la mitad de las acciones nuestras, pero la otra mitad, o casi, nos es dejada, incluso por ella, a nuestro control [...] [La fortuna] muestra su poder cuando no hay una virtud organizada y preparada para hacerle frente y por eso vuelve sus Ãmpetus allá donde sabe que no se han construido los espigones y los diques para contenerla
Nicolás Maquiavelo: El PrÃncipe (S. XVI)
Publicado el Martes 27 de Marzo de 2007 a las 19:47
en la categoria Retazos, en prosa

El viajero está en Évora. Ésta es la plaza famosa de Giraldo, aquel caballero salteador, o salteador caballero, que para hacerse perdonar por don Afonso Henriques sus desmanes y crÃmenes, decidió conquistar Évora. Por maña lo consiguió, y por inocencia de los moros, que tenÃan velando en una torre sólo a un viejo y su hija, que, la verdad, no velaban nada, y más bien a pierna suelta dormÃan cuando Giraldo Sem Pavor ni piedad les cortó la cabeza. Pobre chiquilla. En el alboroto del engaño, suponiéndose atacados por otro lado de la ciudad, dejaron los moros abiertas las puertas de la fortaleza, por donde entraron los demás cristianos, con ayuda de moriscos y mozárabes, que a placer mataron y aprisionaron. Fue esto en 1165. Qué Évora serÃa la que Giraldo conquistó, es algo que el viajero no es capaz de imaginar. Cuántos moros habÃa para defender la ciudad, no lo sabe. Del valor relativo del hecho no se puede, pues, formar juicio hoy, pero sà de su alcance: Évora nunca más volvió a manos islamitas.
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Publicado el Miércoles 4 de Julio de 2007 a las 19:49
en la categoria Retazos, en prosa
y con las etiquetas Glenn Gould, Literatura, Música, Reflexiones, Thomas Bernhard

Yo habÃa tenido siempre la posibilidad de dar rienda suelta a mi asombro, de no dejar que nada ni nadie limitaran, restringieran mi asombro, pensé. Esa facultad no la habÃa tenido Wertheimer jamás, en ningún sentido, pensé. Al fin y al cabo, a diferencia de Wertheimer, que hubiera querido ser de buena gana Glenn Gould, yo no habÃa querido ser nunca ser Glenn Gould, siempre quise ser solo yo mismo, Wertheimer, sin embargo fue uno de esos que continuamente y durante toda la vida y hasta llegar a una desesperación permanente, quieren ser otro, como tienen que creer, más afortunado en la vida, pensé. Wertheimer hubiera sido de buena gana Glenn Gould, hubiera sido de buena gana Horowitz, hubiera sido de buena gana también, probablemente, Gustav Mahler o Alban Berg. Wertheimer no era capaz de verse a sà mismo como alguien único, como todo el mundo puede y tiene que permitirse, si no quiere desesperar, sea quien sea, es alguien único, me digo a mà mismo una y otra vez, y eso me salva.
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Publicado el Jueves 18 de Octubre de 2007 a las 20:29
en la categoria Retazos, en prosa
y con las etiquetas Canon EOS 300, Cultura, Doris Lessing, Literatura, Prosa, Reflexiones

Érase una vez un tiempo -y parece muy lejano ya- en el que existÃa una figura respetada, la persona culta. Él -solÃa ser él, pero con el tiempo pasó a ser cada vez más ella- recibÃa una educación que diferÃa poco de un paÃs a otro -me refiero por supuesto a Europa-, pero que era muy distinta a lo que conocemos hoy. William Hazlitt, nuestro gran ensayista, fue a una escuela a finales del siglo XVIII cuyo plan de estudios era cuatro veces más completo que el de una escuela equiparable de ahora: una amalgama de los principios básicos de la lengua, el derecho, el arte, la religión y las matemáticas. Se daba por sentado que esta educación, ya de por sà densa y profunda, sólo era una faceta del desarrollo personal, ya que se esperaba de los alumnos que leyesen, y asà lo hacÃan.
Este tipo de educación, la educación humanista, está desapareciendo. Cada vez más, los gobiernos -entre ellos, el británico- animan a los ciudadanos a adquirir conocimientos profesionales, mientras no se considera útil para la sociedad moderna la educación entendida como el desarrollo integral de la persona.
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