Nuevas tecnologías

Dia de Internet 2005…fueron semanas de asedio continuo en el taller, llamadas a horas y deshoras, dejar el contestador como las grabadoras de los discursos de Fidel Castro, tener que alimentar el fax con rollos de papel higiénico, la cuenta del e-mail atestada, las visitas a las horas pares los días impares, las visitas a las horas impares los días pares y más gritos que en un paseo del Bisbal ese por el patio del colegio de las Venerables Repolludas a la hora del recreo.

…fueron las peleas con los del servicio pre-venta y los del servicio post-venta, el contable, los administrativos, el conserje, los dos vigilantes jurados y la cuñada de la limpiadora que pasaba por allí, la depresión del gerente que hizo subir las acciones de las fábricas de pañuelos de papel, las ceremonias de vudú de su secretaria, el llanto del encargado de mantenimiento, “por el amor de Dios, que alguien vaya a atender al histérico de la calle del Percebe”, la úlcera del director de personal en gloriosa jornada, los lápices que el jefe de taller llevaba partidos con los dientes y las vacaciones que su dentista se pagó en Pernambuco tras cobrar la factura.

…fue el mosqueo cuando sonó el pasodoble torero y la ovación de los compañeros conforme entraba, la comprobación de si tenía al corriente de pago el seguro de vida, el carpintero tomándome medidas mientras preguntaba si quería el traje de pino o de roble laqueado que estaba de temporada, el anuncio en la sección de ‘demandas’ pidiendo un nuevo técnico, el comentario de “pobre, con lo que prometía este muchacho”, el pedido de crisantemos a la floristería de la esquina, el cirio king size que Teresita le puso a San Cucufate y los dos buitres que curiosamente me seguían con cara de banquete de boda, todo el fatídico día que cayó en mi, sí, mi hoja de ruta.

…fue perderme en su barrio tres veces y dos en el de al lado, preguntar cuatro, cinco vueltas para aparcar, la portera, los rulos de la portera, el delantal de la portera, el ascensor estropeado desde hacía media hora, nueve pisos nueve a pie, la grúa llevándose el coche cuando iba por el cuarto, los timbres que no sonaban, los que sonaban y no eran, el chino sordo, el rottweiler de cuatro patas, el de dos, el vendedor de enciclopedias, el predicador baptista, el evangelista y el de los Testigos de Jehová, los de la mudanza subiendo el piano de cola, los Hare Krishna bajando y el aviso de tres bombonas para el 5º J, “venga ya, que los del butano me teneis frita”

…fue la bronca antes de abrir la puerta, otra mientras abría la puerta, otra mientras cerraba la puerta, el gayato en el paragüero, la boina en el perchero, el botijo en el aparador, la acuarela comprada en Benidorm, la litografía de Raf, las flores de la tapicería del sofá, las cortinas a juego, los marcos con angelitos del todo a 100, las fotos de la comunión del nene dentro, la permanente de su señora, el chihuahua con polisón y la niña con el vestidito de nido de abeja tocando para la visita, como no, “Para Elisa” (uyyyyy… qué accidente más tonto, pero ¿cómo te has pillado los dedos con la tapa del piano?)

…fue el ordenador en la mesa camilla, el tapete de ganchillo sobre el monitor - “no lo quite, joven, que se empolva” -, conectar el modem al teléfono de manivela, convencerle de que al ratón no era necesario darle queso, sacar de la CPU las migas del bocata chorizo, electrocutarme tres veces, formatear el disco duro dos, los cuatro viajes de vuelta a la oficina, nueve pisos nueve a pie, pillarme un dedo con los alicates, otro con las tenazas y otro con el destornillador, las curas con orujo, los chispazos hasta en el colodrillo y arreglar el teclado con papel de plata y la placa base con un chicle y el cordón del zapato, que allí me hubiese gustado ver al McGyver ese.

…fue el router, el browser, el parser, el server, el scriplet, el applet, el socket, el client, el frame relay, el XML, el CORBA, el ADSL, el RTB, el ASP, el DCOM, el JINI, el COMTI, el USB, el HTTPS, el LAN, el WAN, el MVS, el SMS, el GPRS, el TCPIP, el RDSI, el componente interface privado virtual, la fluctuante ambivalencia del monoproceso anacrónico y la impedancia concomitante del bus trifásico.

…pero cuando por fin el maldito ordenador andaba, la de la centralita había vuelto de tomar café, su señora había dejado de cotorrear con Valdemorillo, el niño dejó de sugerirme a capones la tecla que debía tocar, el servidor respondía algo diferente a “estoy ocupado, llame más tarde, so pelmazo”, la línea se mantenía, la aguja que puse de fusible no saltaba, la Hidroeléctrica se apiadaba de mí y conseguía que la luz no se fuese, el empalme con esparadrapo aguantaba y pude dejar de sujetar el cable entre los dientes y el conector con el pie izquierdo, lo que me perdió, señor juez, lo que me perdió fue que ante el www lo único que atinó a rezongar fue “Internet, por fin el mundo en mis manos… ¿pero para qué lo quiero?”, apagó el ordenador y se fue a jugar al mus…


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