Dmitri Shostakovich: 24 preludios y fugas, op. 87

Elijo este disco en pleno frío, durante el temporal, en el tiempo de quedarse en casa en una larga tarde de domingo sentado en el sillón de orejas, con la manta de cuadros sobre las rodillas, las zapatillas de pañete y la taza de té contemplando la lluvia repicar plácida contra la ventana. También lo elijo porque este año se conmemora el centenario del nacimiento de su autor pero ¡ay!, ha ido a coincidir con otro ilustre aniversaio redondo, este del niño prodigio por excelencia, y haciendo cuentas los de las discográficas y afines acerca de lo que pueden vender con la excusa del uno y con la del otro… nada, feliz año Mozart.

Dice un viejo proverbio, y corrobora esta obra, que como mejor se eleva la cometa es contra el viento, no a su favor. Compuestos en 1951, constituyeron un reacción - de ‘error de cálculo’ lo calificaron algunos - a la prohibición por parte del estalinismo (decreto Zhdanov) de la forma fuga, pero sobre todo fueron una catarsis del autor ante la apabullante, colosal figura de Bach, glosada en un congreso al que Shostakovich asistió el año anterior y en el que tuvo que interpretar al piano una de las partes solistas del concierto para tres claves. No es ni de lejos casual, pues, el plan de la obra: un recorrido llevando a las 12 tonalidades mayores y las 12 menores el microcosmos capaz de generar el díptico preludio y fuga, ¡lástima de volumen II no escrito, a diferencia del de Leipzig!

Para los que no dispongan de las casi tres horas que dura esta vuelta al día en 24 mundos, o los aficionados a las píldoras, extractos y recopilaciones de los siempre mismos mejores momentos de la música, ahí va mi selección, tres joyitas por descubrir: los números 7 - ¿cabe más luz? -, 16 - ¿cabe más desolación? - y 24, que no por casualidad cierra la obra con una tremenda doble fuga - ¿cabe mayor acto de auto-afirmación en las propias convicciones?

Lo que no sé es si esta grabación estará disponible en España, yo la compré en el extranjero hace ya algunos años. Y es lástima porque se trata de la versión prácticamente referencial de quien fuese profetisa de esta obra desde el mismo momento en que se compusiera, quien hiciera de ella caballo de batalla y la divulgara a los cuatro vientos haciendo gala de una técnica, pero sobre todo de una fe, ante las que palidecen incluso las del propio compositor - comparar con la interpretación que de una selección de ellos hace el autor en EMI.

Pero bueno, a día de hoy y que yo sepa aún nos queda Ashkenazi en Decca, posiblemente la otra versión de la Nikolaeva en Hyperion y la muy barata pero parece que nada desdeñable de Scherbakov en Naxos (menos de 12 euros los dos CD) . Así pues, a por ellas antes de que en ellas se cebe el ángel exterminados del descatálogo y sólo nos quede a los románticos, una vez más, el cada vez más omnipresente y aséptico MP3 (y permitidme que en este punto silencie lo que me han traído los Reyes Magos….)


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