Al final del túnel

Fotografia: Jose Angel F. Imagen bajo licencia Creative Commons 2.5 España.

No hay nada más difícil de llevar a cabo, ni éxito más dudoso, ni más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de cosas

Nicolás Maquiavelo: El Príncipe
(Vía K-Government)

Efectivamente, salí a por tabaco. Y la cajetilla llevaba de regalo un CD de instalación de GNU/Linux, sabor Kubuntu. Según algunos, soy más libre. Yo me muestro más escéptico.

Lo fácil fue instalar el sistema, una tarde de trabajo da para dejarlo funcionando mínima y satisfactoriamente. Sin embargo lo realmente complicado es redefinir a partir de ese momento las rutinas de trabajo, los hábitos, lo que los que saben de estas cosas llaman el workflow. Sustituir herramientas, aprender las nuevas, migrar datos, revisar formatos. Todo, por supuesto, partiendo de cero, tardando una hora en hacer lo que antes acababa en cinco minutos. Y descubrir que, con todo y lo bueno que tiene, Linux todavía no es la panacea – supongo que lo mismo que no lo eran los primeros Windows en tiempos del MS-DOS.

Definitivamente un nuevo orden de cosas, aunque sin romper con el pasado: al final he acabado con los dos sistemas instalados y yendo de uno a otro en función de lo que vaya a hacer. De hecho creo que voy a actualizar el blog más desde Windows que desde Linux en tanto en cuanto las herramientas de tratamiento de imágenes del primero están de momento algunos órdenes de magnitud por delante del segundo, además de que me estoy planteando hacer una pequeña inversión. Eso sí, las seguiré usando igual de mal.

¿Instalar Windows en una máquina virtual de Linux? Lo pensaré. Pero más adelante, estoy cansado.

Y el día a día. Inclemente. Pero de ese ya me he quejado mucho, así que no voy a abundar más en ello.

En fin, vuelvo a la carga. A ver si consigo en breve recuperar un ritmo de una anotación por semana, dos si se dan bien las cosas.

Y a todo esto ¿queda alguien por ahí? ¿por dónde íbamos? ¿hay café?


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