Cerrado por inventario

Fotografia: Jose Angel F. Imagen bajo licencia Creative Commons 2.5 España.

Durante unos días, algunos más de los tres o cuatro que suelo dejar pasar entre anotación y anotación, voy a dejar de actualizar Vislumbres. Me he empeñado y necesito dedicar el poco tiempo del que dispongo para esta bitácora a una de esas actividades que cuanto más se postergan más necesarias pero también tediosas resultan: inventariar y clasificar mi archivo fotográfico, tanto el digital como el analógico. El viejo método de directorios y subdirectorios temáticos o por fechas se me ha ido poco a poco quedando pequeño e insuficiente, las duplicidades y triplicidades se me van comiendo el disco duro y su rendimiento, imágenes y notas se van disgregando paulatinamente hasta convertir en un infierno cualquier búsqueda que involucre más de dos archivos y elegir o encontrar una imagen para colgarla aquí se convierte en un desafío que puede dar para casi una velada.

No deja de ser un ejercicio saludable. Un paseo por la memoria, por el recuerdo: encontrar en carpetas olvidadas o arrinconadas fotografías que ya ni recordaba, poner nombre y fecha a las caras, los rincones, recuperar o deducir cuándo, cómo o por qué o con quién fueron tomadas, qué día hacía, qué hacer con esa imagen, ponerla en perspectiva con respecto a sus compañeras, cómo ha cambiado aquello que fotografié o aquél que lo fotografió, ver la realidad con los ojos de entonces y los de ahora.

Pero a decir verdad este inventario encierra otro más personal y profundo. He alcanzado un punto en el que prácticamente cualquier, cualquier actividad del día a día, incluso aquellas otrora placenteras, ha devenido obligación. Siento que no doy abasto para todo aquello que debo o quiero hacer – y aquí un recuerdo para Amana, para Thao, para Miguel, os sigo debiendo llamada; para Miguel Ángel, para Luz, para Ripley, para Mauro, para Juan Luis, para O’Sanji, para Jordi, para tantos y tantos blogs y las personas que estáis detrás por los que no me paso últimamente a comentar, como mucho a mirar -, que las horas no me dan para nada, que las listas de ‘pendientes’ crecen y se multiplican. Y cuando me meto en la cama, cada vez más tarde, cada vez más cansado, no pienso en aquello que he hecho sino en aquello que no he hecho. Y del mismo modo que para organizar un cuarto o un trastero es necesario vaciarlo primero, necesito vaciarme siquiera por un momento de obligaciones para poco a poco ir encajándolas de nuevo, de mejor manera, optimizando el (poco) espacio y los (pocos) recursos de que dispongo y reemprendiéndolas luego con la fuerza que da haber recobrado la perspectiva.

Así que, como de costumbre, gozáis de mi confianza durante mi retiro: pasad y sentíos cómodos, mantenedme esto limpio, en la nevera hay sandwiches y refrescos, y regadme de vez en cuando las plantas. Vuelvo enseguida con renovados bríos, permaneced atentos a vuestro lector de feeds favorito.


Info