
Los acontecimientos, quizás por empezar a ser propicios a su paÃs, nos eran absolutamente desfavorables: ellos sabÃan que el avance de sus tropas era lento pero inexorable, que posiblemente todo podÃa terminar en breve, que el futuro de los que tuviesen la posibilidad de tenerlo no era sino su tribunal de guerra, la degradación, la ignominia, la cárcel, la horca. Estábamos a su merced.
Olivier trabajaba sin descanso. EscribÃa colores. Como un iluminado, con ese fervor casi mÃstico que le habÃa hecho ganarse no sé si el favor, la comprensión o simplemente la lástima de los que allà dominaban y que todavÃa no le habÃan colgado la pegatina de “degenerado”, dibujaba puntos, lÃneas, letras…