Vislumbres de alfar y esmalte VIII
Publicado el Domingo 30 de Marzo de 2008 a las 19:14en la categoria Vislumbres, de alfar y esmalte
y con las etiquetas ArtesanÃa, Mercadillo, Olympus Camedia C350
Final de otra de esas series unitarias en temática y formato, de esas que englobo bajo una misma categorÃa y subcategorÃa, serie que empecé en un ya lejano enero y hasta la fecha…. Tengo mis dudas acerca de si esto de las fotogalerÃas temáticas es una buena idea o acaba siendo un muermo ¿DeberÃa publicar las imágenes más seguidas? ¿Más separadas en el tiempo, intercalando entre medias más anotaciones de temas distintos? ¿Hacerlas más breves? ¿Simultanear dos o tres temas al mismo tiempo? ¿Qué opináis?
Era ya tiempo de ir volviendo, caramba.
HacÃa ganas de gritar de nuevo al mundo ‘estoy aquÃ’, de encontrar un papel en el suelo o una conversación casual y pensar “esto, p’al blog” (asÃ, en paleto), de sentir esa pequeño vuelco en el estómago que entra y el chute de adrenalina en vena (¿a vosotros no?) cada vez que le doy al botón ‘publicar’.
Han sido más de 5000 fotos, 5000 momentos de los cuales algunos estaban ya en trance de perderse como lágrimas en la lluvia. Utilizando la palabreja de moda, me quedan aún algunos flecos pendientes: fotografÃas que han tomado otros - es decir, casi todas aquellas en las que salgo yo -, deshacerme definitivamente de versiones viejas o de imágenes que poco significan y, como colofón, hacer un defrag del disco duro que se va a quedar con tiritona tras haberle liberado cerca de 4 Gb.
Por cierto Jose Angel, no me olvido de que me preguntaste en uno de tus últimos comentarios acerca de cómo clasifiqué las fotos. Me parece una buena idea que merece anotación aparte y que empiezo a preparar ya - por supuesto sin ánimo de sentar cátedra ni ser la panacea. Empiezo con ello, en unos dÃas os lo cuento.
El diálogo es efÃmero y transcurre entre susurros.
La lluvia le habla a la piedra con voz queda de los mares, los valles y las lágrimas de donde vino, de los paisajes que vio y de los que imaginó, de los vientos con los que jugó y las fábulas que le contaron, de que un dÃa se levantó enfadada y se desahogó soltando rayos y truenos y que otro dÃa se levantó de buen humor y dibujó castillos y cocodrilos de algodón en el cielo para que allá abajo aquella niña triste se riera.
Y la piedra, anclada al suelo, suspira celosa y melancólica.
Por eso huele tan bien tras la tormenta.