El Musical (Vislumbres carcaixentins XIV)
Y efectivamente lo era.
Por las mañanas el allegro lo ponÃan los vasos tintineando unos contra otros, los platillos de café siendo alineados en la barra inmensa de mármol, el contrapunto de las cucharillas y las tazas rebotando en ellos y los suspiros de la cafetera calentando al vapor una jarra de leche tras otra. Por la tarde era el andante de la siesta, pájaros tÃmidos en los árboles que aún hoy lo flaquean, el runrún de la tertulias alrededor de un café - en los tiempos en los que un café todavÃa daba para toda una tarde -, el “truco” y el “envido” y el chasquido eléctrico de las fichas de dominó precipitándose con cordial chulerÃa sobre las mesas de mármol - pagaba la ronda de bombones (café con leche condensada) el que ligaba el seis doble.
Pero el bar Musical hacÃa honor a su nombre en las noches en las que la Lira Carcaixentina se reunÃa en el piso superior para ensayar. Y su querencia por las apoteosis: el finale de la quinta de Shostakovich - mi primer contacto con don Dimitri - o del stravinskiano Pájaro de Fuego. Y el repetir una y otra vez el mismo pasaje. Y las voces del director dirigiéndose al tercer clarinete despistado - u oboe o fagot o fiscorno, siempre hay alguno - que entra dos compases tarde y tarda tres en detenerse tras haberlo hecho todos sus compañeros. Y en los dÃas de fiesta, cuando la banda se concentraba frente a esa misma puerta para comenzar y finalizar allà los pasacalles, los instrumentos bruñidos y los uniformes impolutos, el pantonal y panmodal caos de mil escalas y de pronto el silencio, la apologÃa del binomio tónica-dominante llamada pasodoble y la ovación cerrada al comenzar el desfile mientras los músicos se alejaban calle abajo marcando el paso.
Mucho he hablado de los nuevos tiempos carcaixentins. Pero ojalá algunas cosas hayan permanecido inalteradas.
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- Publicada:
- Miércoles 20 de Junio de 2007 a las 21:51







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