Mercado (Vislumbres carcaixentins VI)
- Recuerda: cuando llegues pregunta quién es la última. Y que no se te cuele nadie.
- SĂ, mamá.
Entonces no habĂa Ăşltimos. Lo de pedir la vez, más polĂticamente correcto, aĂşn tardarĂa en aprenderlo.
- TĂş siempre atento al peso, al precio y al cambio.
- Sà mamá.
Recordar cĂłmo se cuenta el cambio hacia adelante: el cambio de trece era catorce, quince, veinte, veinticinco, y setenta y cinco, cien. Pesetas, claro.
- Y vigila que no te pongan la fruta tocada.
- Sà mamá.
Subir la calle Padre Marchena viendo acercarse la entrada principal del mercado era ir repitiendo estas primeras lecciones de vida. Cruzar la puerta era sumergirse en el olor a verdura cortada, a pescado fresco, a carne, a pan. Los puestos de verdura - las bancadas de madera pretendĂan ser verdes, perpetuamente mal pintadas y descascarilladas - estaban en en centro; los de carne y pescado, de mármol, en los laterales. Las cajas se desparramaban por debajo de los mostradores. Y las cuentas se hacĂan a lápiz en tiras de papel.
Cuando volvĂ, los puestos ya eran de aluminio y metacrilato y las balanzas digitales. Ya habĂa almacenes. Todo orden, limpieza, asepsia. Y dispensadores de turn-o-matic.
Pero el olor - ese olor que no he encontrado en ningĂşn otro lugar, en ningĂşn otro mercado - ha permanecido.
Info
- Publicada:
- Domingo 4 de Marzo de 2007 a las 21:48
- Etiquetas:
- Arquitectura, Carcaixent, España, Recuerdos, Valencia







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